jueves, 23 de marzo de 2017

Bordo, el color de la sangre.

La luz de la entrada se encontraba encendida, la puerta parecía no estar trabada y la alfombra de bienvenida tenía un dejo de espanto impregnado en ella. Era como la escena de una película de terror de baja calidad, en donde ya uno sabe, que en el momento en que el protagonista traspase esa puerta su muerte será anunciada.
Me acerqué con pasos silenciosos y decadentes, siempre sabiendo lo que iba a encontrar del otro lado.
Al empujar la puerta, ésta chirrió, y como en una película la sangre estaba desparramada por toda la entrada. Las pequeñas gotas rojas daban cuenta del inicio de lo ocurrido. Avancé tanto como pude, siempre siendo consiente del carmín que decoraba las paredes de mi casa, como si de una obra de arte se tratase.
Al llegar al living me encontré con lo que tanto había temido, el cuerpo de un extraño se encontraba recostado sobre mi roído sillón en una posición fetal, sosteniendo con sus manos sus rodillas; como si con eso pudiera solucionar algo. La sangre había teñido la tela del sillón de un color bordó intenso, que extrañamente hacía juego con el tapiz gris en el que se encontraba disperso. La imagen no podía ser otra cosa que una obra de arte hecha con el alma verdadera del artista, con un sentimiento que sólo se puede encontrar en una persona pura como el arte mismo, un sentimiento que sólo quien lo perpetúo puede entenderlo.
Después de contemplarnos a los dos, decidí limpiarme la sangre que había quedado en mi cara por culpa del forcejeo del hombre al tratar de escapar de lo inevitable  y procedí a escribir. Tardé toda una noche, en poner en palabras lo que había sentido, lo que había hecho y sobre todo, me tomé el tiempo necesario para recordar paso a paso lo que había ocurrido,
Había descubierto la técnica perfecta, para crear la escena cumbre de mi nueva novela.


lunes, 6 de marzo de 2017

Deja de pensar en el pasado, porque el remordimiento de lo que podría haber sido y no fue te va a devorar lentamente, hasta que lo único que quede de ti sean cenizas.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Cuando me anamoré

Las gotas caían sobre el sofá de forma lenta, rítmica, y seductora. El suelo estaba apenas mojado, pero sabía que esto no era todo.
El aire acondicionado empezó a tirar aire caliente, y en comparación con el calor que hacía fuera del apartamento era frío y refrescante.
Las manillas del reloj empezaron a ralentizar su marcha, de forma desganada y jocosa, su bambolear sensual comenzó a ser cadencioso y lento, casi imperceptible.
El agua me estaba mojando los pies, las paredes se sentían más frescas, creo que era lo que necesitaban.
La televisión todavía me hablaba, pero no estoy segura de lo que me estaba diciendo, sus palabras se juntaban, se amontonaban en un sonido sordo, y adictivo.
Tenía mucho calor, no importaba cuanto me remojara mientras estaba sentada en el sofá del comedor, seguía haciendo calor, demasiado calor. Prendí el ventilador, y comenzó a formarse un tornado, le siguieron las olas, y por último un tifon.
Mi apartamento ya no me pertenecía, había perdido el control, el agua me controló.
Mi madre tiene razón, no puedo controlar mi magia cada vez que los sentimientos me sobrepasan.